En relativa calma tras crisis política

Por Hugo Reyna Goicochea
Esta primera quincena de noviembre de 2020, quedará marcada en la memoria como un período, en la vida del país, sumamente crucial, pues a las consecuencias nefastas de la pandemia del Coronavirus en la salud pública y en la economía nacional, para colmo de males, se sumó la crisis política, con encarnizado enfrentamiento del legislativo con el ejecutivo, que desencadenó la vacancia de Vizcarra por el Congreso, la asunción de un mandatario ilegítimo y contrario al sentir popular, cuya insólita presencia solo duró un precario espacio de cinco escasos días, obligado a renunciar, por la presión popular, de grandes movilizaciones en todo el territorio nacional.

EL ESTIGMA DE LA CORRUPCIÓN
Y es que la inestabilidad política en nuestro país viene marcada, desde muchas décadas atrás, por el estigma de la corrupción en los más altos poderes del Estado y en los diversos niveles de gobierno, la crisis de partidos y agrupaciones políticas; así como el asalto y usufructo del poder político con fines eminentemente partidarios y de grupos, en desmedro de las aspiraciones de bien común y bienestar general de la sociedad en su conjunto.

LA GOTA QUE COLMÓ EL VASO
Lo real de nuestra inestabilidad política, mostró en las últimas dos semanas, a dos poderes del Estado, enfrascados en una inusual confrontación de intereses mezquinos y de imposición de supremacía, sustentado aparentemente en los mecanismos constitucionales no definidos de contrapeso político entre el Legislativo y el Ejecutivo, que implicó el año pasado el cierre del parlamento y el llamado a elecciones legislativas en enero del presente año. El novel congreso, de variopinta composición política, con intereses ignaros, sin reparar en el daño que vendría producto de estos enfrentamientos –por la crisis sanitaria y económica- bajo la supuesta égida, de lucha frontal contra la corrupción, arremetió contra el expresidente Vizcarra con el propósito de vacarlo. Los argumentos se sustentaban en las investigaciones fiscales por la recepción de coimas cuando fue presidente del Gobierno Regional de Moquegua para favorecer con obras a empresas privadas, así como en el periodo en que fue ministro en el gobierno de PPK, a quien sucedió en la presidencia de la república. Movidas las fichas y negociadas las argucias -y al carecer de una propia bancada- en supuestas formalidades constitucionales, fue defenestrado por el congreso, en una segunda oportunidad de pedido de vacancia el pasado 9 del presente, por incapacidad moral permanente, cuya connotación y alcances aún no precisa en interpretación competencial el Tribunal Constitucional.

EL INTENTO DE COPAR EL PODER
La irrupción a la más alta magistratura del país, la perpetró el hasta entonces Presidente del Congreso Manuel Merino de Lama, de Acción Popular, con el apoyo de 105 congresistas, de los diversos grupos partidarios y la oposición de 19 parlamentarios, en un cambio radical de posiciones, ya que un par de meses atrás, habían desistido en la vacancia. Merino luego de juramentar al cargo, de espaldas al clamor popular, contraria a la vacancia, conformó un gabinete transitorio con figuras recicladas de la política y fuertes cuestionamientos como el caso de transportes, ambiente y educación. El propósito, como era de suponer, buscaba el control de estos dos poderes del Estado, para facilitar, en algunos casos, se viabilicen las medidas populistas aprobadas en el congreso y observadas por el ejecutivo.

LA INDIGNACIÓN POPULAR
La vacancia de Vizcarra, en un momento de crisis sanitaria y económica, lograda gracias a las alianzas y cálculos políticos al interior del congreso, y el intento copar los poderes del Estado, de inmediato desencadenó la indignación popular, generándose masivas movilizaciones de la población en todo el ámbito nacional, en rechazo a este golpe al régimen democrático. La opinión internacional, también mostró su preocupación por esta crisis política en nuestro país. Hoy se conoce según encuestas de opinión que más del 95% de la población condenó este apetito voraz de Merino y compañía.

LA GENERACIÓN DEL BICENTENARIO
En esta crítica situación de crisis sanitaria, económica y política, han sido los jóvenes, de distintos sectores sociales, estudiantes de las universidades nacionales y públicas, así como diversos colectivos, los que llamaron a la movilización social, al margen de posturas partidarias, sino mas bien en defensa del orden constitucional y de las aspiraciones de las grandes mayorías nacionales.
Este fenómeno social, de movilización juvenil, aún por investigar en sus niveles de identificación colectiva, han logrado cohesionar sentimientos de rechazo a las expresiones lesivas de los grupos políticos actuales en las esferas del poder, canalizando el sentir popular en las masivas y continuas movilizaciones en la mayoría de ciudades del territorio nacional. El punto culminante se dio el pasado sábado 14 del presente, en el centro de la capital, en tanto en los días previos, en las marchas se habían producido violentos enfrentamientos y represión policial, con el uso de bombas lacrimógenas, disparo de perdigones de goma y de plomo, así como también canicas de cristal, que los mandos policiales porfían en asegurar estas últimas, no forman parte de su uso en acciones disuasivas.
Lo real del caso, es la existencia de decenas de heridos con perdigones de goma y también de plomo y la extracción en determinados casos de canicas de cristal. La más alta exacerbación se originó el pasado sábado 14, con el desenlace fatal de muerte de dos jóvenes manifestantes por perdigones de plomo.

LA DIMISIÓN DEL ÍRRITO PRESIDENTE
La muerte de estos dos jóvenes y las continuas movilizaciones de la población a lo largo y ancho del país, hicieron insostenible la permanencia del gobierno usurpador, obligando a Merino a presentar su renuncia, ante la dimisión también de una gran cantidad de renuncias de los ministros recientemente juramentados.
Esta situación de crisis política, originó que algunos parlamentarios manifiesten el retracto de sus posiciones de vacancia, haciendo mea culpa y pidiendo perdón; así como la presentación de una moción de censura contra la mesa directiva del congreso, incluyendo a merino por su incapacidad de gestión permanente, ya que sus desatinos venían agravando la crisis en el país; situación que, inmediatamente, originó su renuncia.

EL GOBIERNO DE TRANSICIÓN
Ante la obliga dimisión del expresidente interino, y las renuncias en la mesa directiva del congreso, el día domingo 15, en sesiones accidentadas de sus miembros, muchos participando virtualmente, aparentemente, en apuradas coordinaciones se presentó una lista de consenso liderada por la parlamentaria Rocío Silva Santisteban del Frente Amplio –estigmatiza por algunos por su posición izquierdista- la misma que irrisoriamente no logró los votos necesarios de aprobación, pese a ser “lista de consenso”; demostrando la encarnizada lucha por la supremacía de los intereses partidarios y de grupos al interior del congreso.
Cuando todo hacia aparecer que primaba la intransigencia, antes que los intereses nacionales, a los cuales deben representar los miembros del congreso, el pasado lunes 16, finalmente se logró una nueva lista de consenso integrada por Francisco Sagasti Hochhausler del partido Morado; primera vicepresidenta, la congresista cajamarquina, Mirtha Vásquez Chuquilín del Frente Amplio; Segundo Vicepresidente, Luis Roel de Acción Popular y, como tercera vicepresidenta, Matilde Fernández de Somos Perú, eligiéndose a esta única lista con el respaldo de 97 congresistas y 26 en contra.
En cumplimiento de la sucesión presidencial, Francisco Sagasti Hochhausler, juramentó el último martes 17, como presidente transitorio hasta el próximo 28 de julio de 2021, dando un mensaje esperanzador e invocando a la unión de los peruanos. Los nuevos ministros, presidida por Violeta Bermúdez Valdivia, como premier, juramentaron y prometieron –en algunos casos- el miércoles 18; para de inmediato iniciar sus funciones en el marco de un clima social que viene amainando, ante una relativa tregua que ha manifestado la “Generación Bicentenario”, que espera la sanción a los culpables de la muerte de los dos jóvenes “Héroes de la Democracia”, inmolados por participar en el marco de sus legítimos derechos en la protesta ciudadana, la eliminación de la inmunidad parlamentaria y la modificación o una nueva constitución.
Los efusivos líderes juveniles han advertido que seguirán vigilantes ante cualquier intento de socavar la democracia y gobernar de espaldas a las aspiraciones sociales. Lo real es que su acción, indiscutiblemente, hizo caer al régimen de facto y eso es una clara manifestación del poder de las movilizaciones sociales en el marco de la defensa de los intereses de las grandes mayorías.

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