La gesta heroica de la creación de Cajamarca en el Bicentenario de la República

Por Jorge G. León Zevallos, Presiente del Patronato Cuismanco, cultura y turismo Cajamarca.
Como bien lo establece la cronología de la época, Cajamarca conmemora tres fechas que marcaron la creación departamental: el 3 de enero de 1854, considerada la más importante, porque se inicia la gesta de independencia; el 11 de febrero de 1855, durante el gobierno de Ramón Castilla, cuando se decreta la delimitación del departamento; y el 30 de setiembre de 1862, al promulgarse la Ley de demarcación política.
Qué duda cabe pues que el 3 de enero es una fecha histórica de primer orden para nuestra Cajamarca republicana. La gesta de la creación del Departamento de Cajamarca que ha marcado el devenir de esta urbe interandina y de la actual región de la sierra norte del Perú.
Ahora bien, la palabra historia evoca un ejercicio memorístico de fechas, nombres de personajes y lugares. Si bien la determinación de estos aspectos es importante para ubicarnos en el espacio y tiempo histórico, la historia, en su dimensión científica y en su carácter crítico, no se reduce a una mecánica individualización de fechas, nombres, y lugares de una historiografía presuntamente objetiva y total. La relectura histórica permite comprender etapas y procesos sociales, culturales, políticos, religiosos o económicos; la historia -por tanto- aporta miradas globales e integrales de territorios y sociedades.
Aquí radica el valor de la búsqueda en los últimos decenios por conocer y valorar las “historias cotidianas”, permitiendo así el acercamiento a la idiosincrasia, cosmovisión, valores, intereses y preocupaciones de las colectividades en su lucha diaria por relacionarse con su entorno y otras colectividades y culturas; como el rescatar del anonimato actores estratégicos en los procesos sociales. La historia social crítica está lejana de “historias oficiales”: peligrosas por ponerse al servicio de ideologías, o de los gobernantes o grupos de poder de turno, económicos o políticos.
Si bien es un lugar común la afirmación que un pueblo sin memoria es una sociedad sin identidad y futuro; esta memoria para que ejerza tal capacidad de articulación generacional y motor de su construcción colectiva, debe ser una memoria histórica activa, crítica, abierta a mayores niveles de comprensión de su propia dinámica y posibilidades.
DATOS Y HECHOS DE UNA GESTA HEROICA
En la naciente república peruana, Cajamarca administrativa y políticamente era una de las provincias del entonces denominado Departamento de la Libertad, por decreto del 9 de marzo de 1825. La dependencia de Cajamarca de la jurisdicción de La Libertad y del ámbito costeño, tenían antecedentes coloniales en su condición de Partido de la Intendencia de Trujillo.
El amanecer republicano encontró a una Cajamarca sumida en una fuerte decadencia económica. Fernando Silva Santisteban caracteriza esta etapa como “un largo período de decadencia y aislamiento producido por los cupos del Libertador, la leva y expatriación de los jóvenes, y la hostilidad contra los empresarios locales. Se agudiza el centralismo y la desarticulación económica regional, y este declive permite la rearcaización feudal, agrícola y pecuaria, el retraimiento de la minería y, finalmente, la inercia desconcertada de sus habitantes, quienes veían cómo en nombre de la patria se despojaba de sus tierras a las comunidades campesinas. (p.161)
Al abrirse el comercio exterior, la importación de tejidos acabó prácticamente con la producción textil, base del intercambio mercantil con otras regiones…. Pocos han reparado en otro fenómeno que influyó en la decadencia agraria de Cajamarca: la erosión de los suelos. Los nuevos dueños desconocían los antiguos sistemas de conservación de los suelos productivos.” (pp. 161/162). Este sombrío escenario socio-económico se vio agravado por la terrible hambruna que sufrió Cajamarca en 1848: años sin lluvias, muerte masiva de animales, precios exorbitantes de los comestibles.
Las crónicas de la época narran como el 17 de febrero de 1847 frente a la Prefectura, la gente se peleaba por un puñado de cebada para no morir de hambre. Así de dramática era la situación de Cajamarca. La realidad de pobreza, marginación y el agobiante centralismo limeño no eran las mejores condiciones para que Cajamarca superase esta deprimente realidad. En 1845, José Isidro Bonifaz, José Sarmiento Castañeda y Mario Cabada habían propuesto el establecimiento del Departamento de Cajamarca.
Esta iniciativa de los representantes de la provincia de Cajamarca duró todo el primer gobierno de Castilla, sin éxitos en su gestión. La señorial Lima estaba más preocupada de los avatares de un Congreso para elegir al sucesor de Castilla, que finalmente optara por el general Rufino Echenique. En 1851 el anhelado proyecto de la creación del departamento de Cajamarca fue aprobado por la Cámara de Diputados, pero encontró la negativa de la Cámara de Senadores. El anhelo de la población e instituciones cajamarquinas tuvo un duro revés.
El extraordinario trabajo de investigación e interpretación de la lúgubre realidad de la corrupción en nuestra historia nacional, escrita por Alfonso Quiroz, da cuenta cómo en este periodo del gobierno de Echenique, se vivió uno de los mayores escándalos alrededor de la llamada “consolidación de la deuda interna”. El manejo deshonesto de esta deuda sólo sirvió para llenar los bolsillos de unos cuantos. Este modus operandi delincuencial ha sido una constante en nuestra historia republicana.
En este contexto general descrito se comienza a gestar el movimiento ciudadano por la independización de Cajamarca. Revolución civil, justificada y legítima. En 1853 en las instituciones gubernamentales existentes en Cajamarca figuraban como autoridades don Julián del Campo Montero como subprefecto de la provincia, y el Doctor Toribio Casanova López como Director del Colegio Nacional de Artes y Ciencias, conocido luego como San Ramón.
Mientras Julián del Campo había clausurado el periódico “La Aurora”, vocero de la causa independentista, Toribio Casanova, en unión con el coronel Antonio Egúsquiza y Aristizábal, don Pedro José Villanueva Espinoza, alumnos del colegio y ciudadanos llevaban el mensaje revolucionario a círculos de familiares y amigos, intelectuales y empresarios.
Las persecuciones y atropellos se hicieron cotidianos, obligando a Casanova a salir de la ciudad, organizando el movimiento desde la periferia y contando con el apoyo y compromiso de los alumnos del colegio. El amanecer del 3 de enero de 1854 encontró a Casanova, Villanueva y Egúsquiza liderando la gran movilización por las calles de la “bella y dormida Cajamarca”, verificándose luego un gran mitin con la participación de ciudadanos, campesinos, hombres, mujeres y niños, unidos en la proclama general: “Cajamarca Departamento, abajo la tiranía, viva el departamento de Cajamarca”.
El subprefecto, por contar con un contingente de 600 miembros de la Guarnición Nacional pensó poder dominar la manifestación de los denominados “rebeldes y enemigos del pueblo”. Buen número de la Guarnición pasaron a la causa revolucionaria. El resultado de la confrontación dejó heridos y muertos. Eran las nueve de la mañana, y las fuerzas ciudadanas habían triunfado.
Una vez que se recobró la calma, se nombró a una Junta Departamental presidida por el trío precursor: Casanova, Villanueva y Egúsquiza. A través de la firma de un Convenio la Junta cesó en sus funciones al subprefecto, garantizando la integridad de él y sus seguidores.
Al día siguiente, la población suscribió un Acta Popular, donde entre otros puntos se declaraba: (…) habiendo transcurrido el tiempo suficiente para convencerse de la posibilidad de que se haga justicia a los pueblos sin obtener otro resultado que el amargo convencimiento, más amargo aún, de que el actual gobernante solo emplee los grandes elementos de prosperidad de que dispone, a conseguir los medios de perpetuar el poder en los suyos, haciendo así del Perú el patrimonio de su familia; es preciso convencerse de que el principio del mal solo estriba en la culpable tolerancia de los mismos pueblos y, debe decirse, en su imbécil cobardía de no hacer respetar el pacto social y los deberes y derechos que emanan de este pacto entre gobernantes y gobernados.
Por su parte, la constituida Junta Departamental emitió el decreto de creación del departamento de Cajamarca, indicando: Art. 1°: La provincia de Cajamarca queda constituida en departamento de este nombre, con las de Chota, Jaén y las demás que quieran adherirse a él por propia conveniencia; Art. 2°: Queda instalada la Junta Departamental, compuesta de los tres ciudadanos suscritos, reasumiendo el poder político y militar mientras la soberanía nacional legalmente representada disponga lo conveniente; Art. 3°: Se desconoce la autoridad de Echenique y todas las que de él emanen. (…) Cajamarca, 4 de Enero de 1854.
Declarativamente el Departamento de Cajamarca había quedado constituido legítimamente. Luego a estas tres provincias se unirían Cajabamba, Bambamarca, Santa Cruz, Hualgayoc, Cutervo, San Miguel y Chota. El gobierno de Echenique, el mes de marzo del mismo 1854, envió un regimiento al mando del Coronel Vigil para “sofocar la rebelión de Cajamarca”, dando muerte a 19 “rebeldes” y hacer prisioneros a 170 ciudadanos.
La revolución liderada por Ramón Castilla el 5 de enero de 1855 derrota a las fuerzas de Echenique, y se inicia una nueva etapa en la lucha por la independencia de Cajamarca como Departamento autónomo. El 11 de febrero de 1855, Castilla emitió el decreto S/N, ratificando el decreto de la Junta Departamental de Cajamarca del 4 de enero de 1854, que declaraba la creación del departamento de Cajamarca.
DIMENSIONANDO NUESTRA TAREA CIUDADANA
La gesta de la creación del departamento de Cajamarca, ha sido un proceso no sólo de afirmación de una identidad histórica y cultural, sino de respuesta a la necesidad de una mejor gestión administrativa y política de un territorio; de exigir a la naciente república de responder eficientemente a las brechas ya existentes en ámbitos fundamentales de la sociedad cajamarquina como la atención a la salud, la educación, y el dotarla de una infraestructura para el desarrollo.
DESAFÍOS CENTENARIOS
Para el Amauta cajamarquino Fernando Silva Santisteban, los acontecimientos claves de la historia de Cajamarca han sido: la lucha por la creación del departamento, la creación del Colegio de Artes y Ciencias (luego San Ramón), y la gesta ciudadana de la creación de la Universidad Técnica de Cajamarca. No es una casualidad el rol de la EDUCACIÓN en esta identificación de hitos fundamentales para la colectividad de Cajamarca. Pero una sociedad responsable, saludable y con una firme memoria colectiva, no sólo hace recuento de datos históricos sino que busca de comprometerse fielmente con los ideales de libertad y autonomía sembrados por las generaciones anteriores.
Por tanto, no podemos quedarnos pasivos ante las estadísticas de vergüenza que la pobreza, el analfabetismo, desnutrición, anemia, desempleo y competitividad, ubican a Cajamarca en los últimos lugares de calidad de vida y bienestar. ¿Seguiremos pensando acaso que construir infraestructuras elefantiásicas y adquisición de ambulancias, para justificar gastos de recursos estatales, resuelve la atención de la salud de una población secularmente marginada y excluida de este derecho humano fundamental…?
¿Por qué se han descuidado experiencias exitosas implementadas en Cajamarca sobre Promotores Rurales de Salud, o alianzas público-privadas con participación de la cooperación internacional y la academia para vencer a esta plaga vergonzosa de la desnutrición infantil en nuestra región? ¿Cuáles son las experiencias exitosas a nivel técnico, empresarial o de estricta rentabilidad de las unidades productivas de la UNC?
No podemos reconocernos seguidores de Casanova, Villanueva y Egúsquiza y permanecer pasivos ante el cierre silencioso e injusto de instituciones técnicas como CENFOTUR o el Cite KORIWASI. Esperemos que SENATI no corra la misma suerte.
Con el compromiso de todos los actores sociales, económicos, culturales y políticos debemos enfrentar la difícil y complicada tarea de la reconstrucción departamental post COVID-19. Necesitamos una economía diversificada, un turismo sostenible, un impulso a la asociatividad en la actividad láctea, en la floricultura.
Es una tarea de TODOS, venciendo la lacra de la corrupción de todos los niveles e ideologías, la fragmentación social y la polarización política, el fortalecer una Cajamarca diversa, plural e independiente. Mientras exista desnutrición, anemia, analfabetismo, corrupción: CAJAMARCA NO SERÁ AUTÓNOMA, INDEPENDIENTE, SOSTENIBLE.
Está en nuestras manos el GRAN CAMBIO SOCIAL, EDUCATIVO, EMPRESARIA, CULTURAL, POLÍTICO. Que esta efemérides por el 167 aniversario de la gesta cívica nos brinde la posibilidad de releer críticamente los escenarios que este espacio geográfico y la colectividad asentada en ella, conocido como Cajamarca, vivió en el ya lejano mes de enero de 1533 (hoy, 488 años después de la caída del Tawantinsuyu, y ya próximos al Quinto Centenario), al bicentenario enero de 1821 cuando Cajamarca declara su independencia del yugo español, como al mes de enero de 1854 en su gesta heroica de su creación departamental y este inédito enero de 2021 sumido en los desafíos de la pandemia de la COVID-19.
CAJAMARCA, LA GRANDE DEL PERÚ, ES UN SUEÑO, UN IDEAL Y UNA TAREA COMÚN.
VIVA LA GESTA CIUDADANA DE LA CREACIÓN DEL DEPARTAMENTO DE CAJAMARCA… !VIVA CAJAMARCA INDEPENDIENTE Y SOSTENIBLE…!
*Discurso presentado el 3 de enero de 2021 en la ceremonia de conmemoración por el 167 aniversario de Cajamarca.

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