La madre Dolorosa que cautivó el corazón de los cajamarquinos

Por Hugo Reyna Goicochea
Las actuales circunstancias de dolor y muerte en el mundo, el país, y, de manera particular, en Cajamarca, en la que la mortal pandemia del coronavirus, viene quebrantando la salud y muerte de millones personas; que ha originado una crisis sanitaria, de la cual no estamos exentos, que viene involucrando a nuestros familiares, compañeros de trabajo, amistades, vecinos o simplemente conocidos, debe conducirnos a una profunda reflexión sobre nuestra fragilidad existencial. Tal delicada situación de vida o muerte, nos hace partícipes, a muchos seres humanos, en la antesala de Semana Santa, a voltear los ojos, con expresiones suplicantes de misericordia divina, a nuestro Creador, a fin de que pronto termine esta terrible pesadilla, que aún la ciencia no puede controlar.
UNA MIRADA A LA MADRE DE DIOS
La conquista hispana, trajo consigo la religión Católica, la presencia del Cristianismo en el Nuevo Continente. La población aborigen, profesaba un culto politeísta, basado, fundamentalmente en el reconocimiento de divinidades astrales, zoológicas y en las fuerzas de la naturaleza. Este encuentro socio-cultural, devino en un sincretismo religioso, extendido en todo el país, de diversas maneras y magnitudes, así como de peculiaridades manifestaciones, que han caracterizado y caracterizan a nuestros pueblos en las celebraciones de sus festividades religiosas patronales.
LA PATRONA DE CAJAMARCA
Según referencias históricas, la imagen fue donada por el emperador Carlos V, estimándose que se la ubicó en la Capilla del Sagrario (1685), la misma que se encuentra adyacente a la iglesia de San Francisco, a escasos metros de la Plaza Mayor.
Su coronación canónica la efectuó el Papa Pío XII. Fue un 14 de junio de 1942, durante el “I Congreso Eucarístico Diocesano de Cajamarca”, que la imagen de “Nuestra Señora de los Dolores”, fue coronada por el representante del Sumo Pontífice, Nuncio Apostólico en el Perú Monseñor Fernando Cento; convirtiéndose, desde aquel entonces en “Patrona y Reina de la ciudad”.
Fue a fines de la década de los años noventa que la Capilla del Sagrario, en la que se ubica la imagen o escultura de la Madre Dolorosa, fue elevada a Santuario.
LA TRADICIÓN POPULAR
Sobre la presencia de la Patrona de Cajamarca: “La Virgen de los Dolores” o la “Madre Dolorosa”, existen determinadas conjeturas, de cómo apareció en estos lares la imagen o escultura de la Madre de Dios.
Una de ellas se basa en el relato de una distinguida dama cajamarquina, doña Elsita Vásquez Pereyra, quien, a su vez, recogió el relato de fervorosos creyentes, respecto a la aparición de la imagen de la Santísima Virgen:
“Cuentan en que ante los deseos de los cajamarquinos de tener una imagen de la Madre de Dios ante la cual exteriorizar su profunda devoción y en respuesta a tantos pedidos y súplicas, cierto día arribaron a la ciudad dos ángeles, que bajo la apariencia de jóvenes peregrinos pidieron hospedaje en el convento franciscano. Conversando con sus anfitriones dieron a conocer que eran escultores de profesión, noticia que se esparció y llenó de alborozo al pueblo entero, contratándolos de inmediato para que tallaran la anhelada imagen.
Los extraños viajeros aceptaron bajo la condición de que se les cediera el uso de una habitación privada donde pudieran trabajar tranquilamente durante tres días, rehusándose aún a que se les proporcionara alimento y bebida.
Transcurrido el plazo señalado, acicateados por la curiosidad y sorprendidos por el silencio que reinaba en el recinto, convertido-sin saberlo ellos- en taller angélico, frailes y feligreses decidieron averiguar qué sucedía y abrieron la puerta.
Al entrar, una emoción gratísima y celestial embargó sus almas al encontrar en el centro del aposento, radiante de sobrenatural belleza, a la incomparable y dulce imagen de la Virgen de los Dolores. Los artífices habían desaparecido, pero no faltó un madrugador vecino que aseguró haberlos visto, desde la Plaza de Armas, convertidos en ‘dos blanquísimas palomas’ de grácil silueta, y perderse en el azul, dejando tras de sí una refulgente estela”. (Marcela Olivas Weston. http://cuentosdecajamarca.blogspot.com/2010/08/la-dolorosa-de-cajamarca-leyenda-sobre.html).
EL AMOR CAUTIVO A NUESTRA PATRONA
Al margen de tan delicada y ferviente explicación o que la imagen proviniera de una donación real, lo cierto es que para los cajamarquinos “Nuestra Madre Dolorosa”, constituye el principal ícono de una fervorosa religiosidad católica, que ha trascendido las fronteras regionales y nacionales, especialmente en la antesala de la celebración de Semana Santa.
Para quienes profesamos el catolicismo, en años anteriores, era compromiso natural, la asistencia a la “Setena de la Virgen”, de masiva presencia de fieles – de encendidos sermones por parte de los padres franciscanos- así como a la celebración eucarística el día viernes, previo a la Semana Santa, y también a la procesión de la Sagrada Imagen, actos, indiscutiblemente, de especial importancia en nuestra formación y vida religiosa, en nuestras vivencias, sumamente arraigadas de peculiar espiritualidad, en el amor a Jesucristo, al lado de su sufrida madre, cuyo corazón fue atravesado por siete espadas de dolor, que se recuerda, con especial recogimiento, en cada una de las noches de setena.
NUESTRA EMERGENCIA SANITARIA
Cajamarca, vive desde, hace varias semanas atrás, una difícil situación por efectos de la pandemia. Según referencias de los profesionales de la salud, nos encontramos en el pico más alto de contagio y muertes, desde que se inició esta pandemia el pasado marzo de 2020. A diario el contagio está en espiral de crecimiento vertiginoso y las muertes alcanzan a decenas de personas de ambos sexos y diversas edades, que el sector salud, no está en condiciones de poder afrontar; situación crítica, que viene sumiendo en el dolor y la desesperación a las familias afectadas.
En estos días, ya nada es igual a las tradicionales celebraciones y homenajes, con concurrencias masivas, a nuestra Madre Dolorosa, así como tampoco ya no se realizarán las acostumbradas actividades conmemorativas por Semana Santa, por obvias razones.
En las circunstancias actuales, de dolor y muerte en el mundo por los efectos mortales del coronavirus; así como por la vorágine de la vida moderna, la inseguridad ciudadana, la violencia social, la falta de empleo, la desintegración familiar que se acrecienta, el orden social que se quebranta, entre otros factores, que hacen sumamente difícil la convivencia humana; se hace necesario voltear la mirada y poner la esperanza en Dios, a lado de su intercesora: “Nuestra Madre Dolorosa”: Invitamos a vivir intensamente esta Semana Santa, aún en confinamiento, sin perder las esperanzas de alcanzar la Misericordia Divina.

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