En busca de una identidad perdida

Me presentaré rápidamente, usando la introducción de esta columna para contarles un poco acerca de quien lo escribe. Me llamo Ximena y heme aquí, tras haber buscado la mejor manera para dar a conocer mis intereses y –bastantes inquietudes, acerca de la industria, el gran universo que es la moda, y lo que representa en mi vida. Posiblemente, te estarás preguntando qué es lo que yo sé o por qué me tomo la atribución de opinar si cuando salgo a la calle, hay cien iguales a mí.

Somos personas que nos despertamos hoy para elegir un atuendo que nos presentará al mundo social. Y no es que eso estuviera premeditado. La mayoría del tiempo, el subconsciente ya está trabajando de acuerdo a la faceta de personalidad que se le antoje aparecer este día.

Por ejemplo, cuando quiero estar cómoda, tengo un conjunto de buzo que, además me otorgará una personalidad despreocupada. Si quiero reflejar elegancia, tengo un par de prendas negras con joyería dorada, conspirando para darme el toque sombrío y de misterio por la ausencia del color. Y en ambos casos, estoy siempre vociferando un discurso sobre mi cuerpo, mis creencias y lo que quiero que me diferencie de los demás.

Esas cien personas y yo, vivimos en Cajamarca. O tal vez tú, que estás leyendo esto, también vivas en una pequeña provincia latinoamericana. Lo curioso es que, a pesar de ser ciudades pequeñas, las caracteriza una riqueza cultural inverosímil que muchas veces se escabulle entre lo cotidiano de cada esquina.

Me gusta pensar que vivo en el epicentro de una contradicción maravillosa a causa de la globalización. Mi ciudad en la sierra del Perú, manifiesta en su vestuario una explosión de colores y texturas con base histórica, que pasa desapercibida por un par de básicos tenues que usamos orgullosamente como víctimas de la tendencia. La respuesta es fácil. Y, querido lector, tú puedes decirme que sí, efectivamente, porque estamos en constante cambio y sometidos a la comodidad, pero si nuestro modo de vestir no es la mayor expresión de identidad, ¿significa que hemos dejado de identificarnos con la cultura de nuestro entorno?

Al observar con más profundidad en Cajamarca, prestando atención a la gente que deambula en la calle, me doy cara a cara con alineación y tradición, con algunos buscando su lugar en medio. Y de esa forma, mi pregunta tiene una respuesta: Es cierto que nuestro modo de vestir expresa nuestra identidad, pero rechazamos a quien usa prendas tradicionales. Ya no nos identificamos con aquellos estampados coloridos y texturizados, tampoco con los sombreros ni con las shimbas que son un resaltante accesorio en la historia.

Sin embargo, no estoy aquí para decirte que debes vestir tradicional en plena actualidad. Mi punto es hacerte recordar que una vez fuimos algo más que un par de camisetas blancas y jeans. Los ancestros de esta pequeña ciudad latinoamericana eran fieles a su cultura y su identidad era lo más rescatable, y pocos son los que todavía la preservan.

¿Qué tal si experimentamos fusionando ambos estilos? La diseñadora peruana Meche Correa tiene una costura impecable, no siendo pionera, pero sí reconociendo la tradición en sus piezas de alta costura fusionando artísticamente la elegancia de la actualidad con el colorido y las texturas de nuestros antepasados.

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