Micaela Bastidas y el rol de las mujeres en las primeras luchas por la independencia

Al haberse conmemorado el 2021 el Bicentenario de la independencia de Perú, en la academia y en la opinión pública se volvió la mirada hacia las rebeliones, las guerras y sus protagonistas que llevaron adelante la ruptura del régimen colonial impuesto por España a mediados del siglo XVI. Sin embargo, desde la narrativa histórica oficial la participación de las mujeres ha sido borrada, ignorada y minimizada como diría Michel Perrot.

En esta columna hablaremos de Micaela Bastidas, una de las mujeres que participaron de manera activa en el plano logístico y militar del levantamiento de Túpac Amaru II en 1780. Siendo este hecho uno de los mayores levantamientos indígenas en la época colonial.

Origen familiar y social

Su nombre completo era Micaela Bastidas Puyucahua, nació el 23 de junio de 1744 en el pueblo de Pampamarca, provincia de Tinta en Cuzco.  Micaela provenía de una familia pobre y sin ningún rango social, ella quedó huérfana de padre y es probable que junto a sus hermanos no hayan tenido una infancia fácil. 

Jose Gabriel Condorcanqui – Túpac Amaru, su compañero de vida y de ideales políticos, provenía de una familia de caciques por su pertenencia a la elite indigena y por ser descendiente de Manco Inca y Huayna Cápac. Tupac Amaru quedó huérfano de madre y a decir de Sara Beatriz Guardia “Sus preceptores le impartieron la educación que correspondía a su rango de cacique y a los 10 años era un alumno regular en el Colegio de Caciques de San Francisco de Borja en el Cuzco”.

Micaela Bastidas se casó con Tupac Amaru el 25 de mayo de 1760 en el pueblo de Surimana, ella tenía 16 años y él 19 años. El acta matrimonial va estar firmada por el sacerdote Antonio López de Sosa, quien va acompañarlos en los momentos más álgidos de la rebelión de 1780.  Tuvieron tres hijos, Hipólito (1761), Mariano (1762) y Fernanado (1768)

Su participación en el levantamiento de Tupac Amaru II

Con la emboscada al corregidor Antonio de Arriaga ocurrida el 4 de noviembre de 1780, Tupac Amaru II da inició a la mayor rebelión contra el orden colonial. A decir de Sara Beatriz Guardia “Después de la batalla de Sangarará (primer enfrentamiento entre el ejército español y las tropas dirigidas por Túpac Amaru II, donde estas salieron airosas) surgió entre el bando rebelde el clamor de avanzar hacia Cuzco. Pero Túpac Amaru rechazó la idea, aunque Micaela Bastidas fuera una de las más convencidas”.

Túpac Amaru avanzó hacia el sur y en diferentes pueblos tuvo recibimientos triunfales. En este contexto es que Micaela Bastidas va empezar a tener una relevancia política. Tal es el caso de lo ocurrido en Tungasuca, en los primeros meses del levantamiento, donde Micaela va a demostrar su liderazgo al cumplir funciones organizativas y administrativas.

Como señala Claudia Luna “Se trataba evidentemente de una figura de poder, a quien … rendían obediencia y respeto. Las cartas que a ella le escribían venían dirigidas a “Muy amada hermanita mía”, “Mi Señora Gobernadora”, “Mi Señora”, y trataban de cuestiones precisas como querellas internas, pedidos y juzgamientos”

Micaela firmó salvoconductos, impartió órdenes, se dirigió a otros caciques y gobernadores instándolos a sumarse al levantamiento que lideraba su marido. Tiene una correspondencia fluida con Túpac Amaru y sus más cercanos colaboradores. Desde el 23 de noviembre de 1780 al 23 de marzo de 1781, Micaela envió 19 cartas a Túpac Amaru. Es preciso señalar que Micaela no sabía escribir ni leer, por lo que la correspondencia era dictada a sus colaboradores, ella únicamente sabía firmar.

En los siguientes meses el levantamiento va a tener distintos momentos con victorias parciales y derrotas, hasta que el 12 de abril de 1781, son apresados Túpac Amaru, Micaela Bastidas, sus hijos, y otros colaboradores y colaboradoras de la rebelión.

Su juicio se inició el 17 de abril de 1781 y finalizó 3 meses después. Ella comparece ante el juez el 21 de abril, aquí se van a presentar distintos testigos que van a declarar sobre las órdenes que había emitido. El 22 de abril es interrogada pero no delata a sus compañeros y compañeras, no se contradice, niega los cargos que le imputan, no se quiebra y tampoco lo hace cuando comparecen juntos con Túpac Amaru ante el juez. Ambos son condenados a la pena de muerte.  

La sentencia a Micaela dice:

“Por complicidad en la Rebelión premeditada y ejecutada por Tupac Amaru, auxiliando en cuanto a podido, dando las órdenes más vigorosas y fuertes … Condeno a Micaela Bastidas en pena de muerte…”

Micaela fue condenada al garrote; antes le cortaron la lengua, pero el torno no podía ahorcarla por tener el cuello muy delgado, por lo que tuvieron que terminar de matarla dándole patadas en el estómago y los pechos. Antes de su ejecución, el 18 de mayo de 1781, Micaela y Tupac Amaru fueron obligados a presenciar la muerte de José Verdejo, Andres Castelo, Antonio Bastidas, Francisco Túpac Amaru, Hipólito Túpac Amaru, de la cacica Tomasa Tito Condemayta y la muerte de su hijo Hipólito.

Los españoles utilizaron la cruel muerte de Micaela como escarmiento para que los indígenas, y sobre todo las mujeres, no se atrevieran a cuestionar ni a rebelarse contra el orden colonial. Como bien lo señala Michel Foucault en Vigilar y Castigar, “el escarmiento y el horror estaban previstos en el modelo jurídico de aquel tiempo”.

Esta búsqueda del escarmiento no se limitó a las crueles ejecuciones de Tupac Amaru, Micaela Bastidas, Tomasa Tito Condemayta, entre otros y otras; sino que, dos años después se llevó adelante la denominada “Caravana de la Muerte”, sentencia que obligaba a las mujeres que habían apoyado la rebelión, al destierro para lo cual eran obligadas a ir de la ciudad del Cusco al Callao a pie y descalzas. Fueron noventa y dos mujeres (dentro del grupo se encontraban diecisiete niñas) las que iniciaron esta caminata, de las cuales sólo quince sobrevivieron y llegaron al Callao para ser deportadas a México.  

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