Ozark: degradación en la trayectoria moral

Ya sabemos lo clásico que se torna Breaking Bad a la hora de enfatizar en la dinámica del mundo de las drogas y la familia. Por ello cuando se estrenó Ozark bajo premisas similares, en el año 2017, fue inevitable que se antepongan las siempre tediosas comparativas. Sin embargo, con el pasar de las temporadas la serie protagonizada por Jason Bateman y Laura Linney, poco a poco fue marcando distancias, e incidiendo en sus propias temáticas, constituyendo con ello una atmósfera que para relatarse no necesita de comparaciones innecesarias, sino que se sostiene sobre su propio eje.

De esta forma, Ozark tiene como punto de partida la mudanza necesaria para la familia Byrde de Chicago (Illinois) a Ozarks (Misuri), con la finalidad de aperturar negocios que sirvan para blanquear capitales del Cartel Navarro, que es referenciado en la ficción como uno de los carteles más influyentes en el crimen organizado y narcotráfico en México; ello después de que Marty (Jason Bateman) sea acusado de ser informante del FBI, y ofrezca para salvar tanto su vida como la de su familia, ser de utilidad para las finanzas del cartel lavando dinero en Misuri.

Lo interesante de aquello es la trasgresión constante de la moral citadina construida desde una familia proveniente de Chicago, con el involucramiento cada vez más profundo en el mundo del crimen, donde los personajes son expuestos a numerosas situaciones que cuestionan la existencia aquella línea que separa lo simbólico de su mundo y el desenfreno de la virtud, volviéndose cada vez más más borrosa y gris. 

En ese sentido, se busca profundizar los roles sociales que se adscriben sobre la maternidad y paternidad, así como su reversión a través de la exposición constante a situaciones límites; a partir de ello, también se enmarca el dilema de crecer en un mundo marcado por el crimen, donde lxshijxs son en últimas quienes están forzados a tomar la decisión sobre el rumbo de sus vidas en un mundo creado bajo la consigna de adaptarse o perecer. 

Dentro de lo mismo, y como último recurso para no perder la compostura, o un norte justificado, se vuelve a crear el retrato de la “familia”, como aquella permisión de la desafortunada existencia trágica, y que permite que el sueño por la noche no se vea perturbado. Es básicamente la creación de una maquinaria del crimen que encuentra su descanso más certero a través de la justificación basada en los lazos familiares y su importancia en nuestra condición de existencia perturbada que necesita compañía.

Con lo descrito, los espectadores asisten a presenciar un relato donde no existe un límite certero entre quienes son lobos y quienes ovejas, sino que hasta las mismas ovejas pueden significar el mayor peligro latente. Ozark es la desnaturalización de la consciencia moral a través de la amenaza latente, básicamente la más trastocada forma de supervivencia en un mundo creado por alguien que hace tiempo nos abandonó. 

En ese sentido, si hoy sienten la necesidad de ver un drama familiar-criminal, que transcurre en lo más angustiante de la América profunda, y que nos inserta dentro del mismo contexto a través de la precisión en cuanto a acentos, formas de vida, vestimentas, tradiciones, y más; no duden en visitar Ozark, y quedarse con la angustia de su final anunciado para el 29 de abril de este año.

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