“EDUCANDO DESDE LA FELIIDAD” (Parte I)

Siempre he creído que el aprendizaje, como tal, en los seres humanos, está relacionado al cambio conductual, más no, solamente al aprendizaje cognitivo, es por ello, que, desde mi experiencia profesional, cómo docente Universitario y psicólogo, apuesto siempre, por la educación que te enseñe a vivir, desde el autoconocimiento y la autoconfianza, cómo habilidades para ser felices.

Necesitamos, escuelas, en las que los niños y los adolescentes, respiren vida, basada en la aceptación incondicional, empatía y escucha permanente, por encima de una educación restrictiva, castradora, que solo se base en la enseñanza de conocimientos o contenidos, en las cuáles vea a los niños como sólo receptores o máquinas de conocimientos.

Desde el paradigma de la educación humanista, educar desde la felicidad, no debe entenderse como sinónimo de permisividad, que el alumno haga lo que quiere, no, eso no es educar, al contrario, a ello, el niño y el adolescente, debe crecer en el respeto a la autoridad, que en este caso son sus padres y sus profesores, pero a la vez entendiendo que la educación les debe permitir desarrollar habilidades para la vida, asociadas a la posibilidad de saber expresar, saber decir con asertividad, actuar sin temor a ser rechazado, capacidad de reflexión, razonamiento, análisis y más aún desarrollando el aprendizaje autónomo, como herramienta para el crecimiento personal.

El concepto Felicidad, ha sido definida de diferentes maneras en el transcurrir de la vida, en la Grecia clásica, la felicidad, era definida, como el fin de la vida, Zenón, señalaba que la felicidad era equivalente a una vida que fluya suavemente, es una vida razonada vivida de acuerdo con la naturaleza, vale decir, la felicidad era vivir de acuerdo a la virtud. Para Sócrates, la Felicidad, consiste en poseer y usar correctamente muchos bienes (riqueza, salud, belleza) y que esto se logra con el conocimiento, pero el conocimiento era el arte de aprender, de reflexionar sobre las cosas. Aristóteles, en muchas de sus obras relacionó a la Felicidad, como el obrar bien, señalaba que para obrar bien se requiere de sabiduría, mediante el cultivo de la filosofía, es por ello que Aristóteles, reflexionaba sobre la Felicidad, expresando su preferencia por los bienes del alma, antes que por los bienes externos y los del cuerpo.

En la filosofía medieval occidental, vale decir entre la antigüedad clásica y la modernidad, etapa que predominaba el pensamiento filosófico cristiano, en ese sentido la felicidad verdadera, estaba señalada por Dios. San Agustín, diferenciaba dos tipos de felicidad, la terrenal, que sería imperfecta o engañosa y la otra celestial, que sería perfecta o verdaderamente infinita y que esta estaría relacionada al acercamiento de Dios.

El concepto o el estudio de la Felicidad en tiempos contemporáneos, ha tenido bastantes alcances significativos, sin embargo, se ha confundido con estados emocionales como la alegría, satisfacción o tranquilidad. Para Morris (2006), la felicidad es la sensación que se experimenta cuando repentinamente la vida mejora, es una sensación de placer intenso, vale decir que hay diferentes fuentes de felicidad. En tiempos más resientes desde el estudio de la psicología positiva, la felicidad, pasa por la realización humana: autonomía, crecimiento personal, aceptación de sí mismo, propósito de vida, control y relaciones positivas, en ese sentido trabajar en el bienestar psicológico es fundamental para lograr la felicidad.

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