OTRA VEZ LA CRISIS DE PARTIDOS

Los relevos en las organizaciones políticas no se dan porque los viejos líderes den un paso al costado o cedan sus posiciones; solo se producen cuando los nuevos líderes los desplazan o niegan dialécticamente.

Por instinto político, por raza, nadie nacido para liderar masas cederá los espacios que ha alcanzado, aun a sabiendas que con su obstinación podría terminar con la organización que lidera.

Hay necesidad de relevo en la conducción de los partidos llamados históricos del país, con inscripción vigente o no. Es un dato de la realidad.

Independientemente de sus posturas, en tanto no surjan nuevos partidos, su contribución a la democracia no puede negarse, aún es necesaria.

Si ese relevo se da, es decir, si sus nuevas generaciones tienen las agallas para imponerse y desplazar a los viejos árboles que los pueblan (a los que se refería, ya, González Prada en su siglo), que en tanto árboles aspirarán a morir de pie, los mismos resurgirán y tendrán vigencia en la escena política inmediata, mutatis mutandis, como corresponde a todo fenómeno social.

Es, en la medida que no se ve posibilidades de surgimiento de nuevos partidos, quizá la única posibilidad de empezar a salir de la crisis institucional, que es, en realidad, crisis de partidos, es decir, de ideologías, organizaciones, clase política.

En caso contrario, pasarán al pretérito, como la mayor parte de partidos sigloveintistas del continente, que acompañaron los funerales de sus conductores.

El país, entonces, seguirá políticamente agonizando, conducido por improvisados y oportunistas, hasta que las contradicciones alumbren nuevas alternativas de vida institucional.

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