“PADRECTOMÍA: CRIANZA COMPARTIDA”

Nelson Zicavo (2006), señala que cuando existe un proceso de divorcio mal abordado o manejado, la figura del padre es el que conlleva las consecuencias de ello, en tanto que este proceso, constituye un camino que inevitablemente está asociado a la perdida de los hijos, a la ruptura del vínculo relacional, teniendo en muchos casos el inicio de la interrupción de su paternidad. Lógicamente, este hecho pasa, siempre y cuando el padre, como figura de apego, represente un sentido de compromiso hacia el hijo y la familia, en tanto también nos hemos enfrentado con modelos paternos, asociados a la imagen de abandonadores, desobligados y distantes. Este fenómeno descrito en las primeras líneas de este artículo, denominado Padrectomía, constituye un fenómeno social, psicológico, que sin lugar a dudas requiere un abordaje mucho más amplio desde lo masculino y desde lo parental, sin generar provocaciones familiares o de género.

Entonces, las consecuencias y la distancia que se establecerá entre el padre e hijos, dependerán de la calidad del vínculo que existía durante la relación matrimonial que se ha desarticulado (Zicavo, 2011).

Cualquier ruptura sentimental y más aún de la conyugalidad, va a significar una crisis, confusión, que sin lugar a dudas requerirá de mucho dialogo y aprendizajes de negociación afectiva y simbólica para llegar acuerdos que permitan manejar de manera relacional y emocional estos cambios.

Es importante sobreponer el conflicto desde una mirada de la crianza compartida, como una opción posible y básica en la tolerancia parental. El divorcio, no debería significar y condicionar las distancias entre padres e hijos, por lo que es necesario realizar los esfuerzos, para que esta crisis, constituya un beneficio de afecto, amor y tolerancia entre los “afectados”.

La crianza compartida, asigna a los padres, el mismo reconocimiento de deberes y derechos, ejercidos con responsabilidad coparental. Este compromiso, no debería verse afecto, en tanto, ambos padres, deberían asumir la vinculación con los hijos desde un hecho emocional, relacional y de acercamiento, permitiendo el darnos oportunidad como padres de reeducar a nuestros hijos, basados en la figura del afecto y de la responsabilidad como tal.

Zicavo (2011), señala que la crianza compartida garantizará que los hijos no pierdan a ninguno de sus padres bajo circunstancia alguna, poniendo en relieve, en primer lugar, el interés superior del niño a contar con ambas personas y fortalecer el vínculo necesario para el desarrollo de la vida y personalidad de los hijos. La crianza compartida, no es más que lo que todo hijo debería tener siempre por parte de sus padres, cuando estos deciden ya no caminar juntos.

Es de suma importancia, para el niño, el crecimiento en armonía, basado en un medio familiar, social y psicológico, que favorezca su consolidación como ser humano, es por ello, que este enfoque no debe generar polémica sino reflexión, del rol que debemos asumir como figuras de apego y no creer que la crianza es exclusiva del rol femenino.

Ferrari (1999), en su libro Ser padres en el tercer milenio, señala algo muy importante y que no debemos perder de vista en este análisis, en tanto que vivimos en un contexto social que la equidad, debe ser la base para la crianza de nuestros hijos, en ese sentido refiere que no se trata de remplazar la exclusividad de la mujer por la del hombre en la crianza de los hijos, sino que ambos compartan la crianza, para el bien de los hijos, madres y padres , que podrán disfrutar del afecto que puede generar cualquier relación madura y responsable de quienes debemos asumir ello: Los padres.

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